Universidad para Líderes ha creado este blog como un foro para discutir temas relacionados con los pilares fundamentales en los que descansa la filosofía de nuestra universidad: (1) Biblia y teología contextual, (2) evangelización y discipulado, (3) liderazgo y (4) justicia social y denuncia profética.

 

Aunque el foro ha sido creado para los estudiantes de nuestra universidad, se espera que personas particulares participen en el mismo. Que aquellas personas que lo hagan, participen con reflexiones de altura y bien fundamentadas. Nuestro objetivo no es crear polémica sino ciencia y cada uno puede hacer aportes significativos que nos orienten a todos.

¿Qué significa la transición a una ‘Nueva Normalidad’?


En la celebración de fin de año, a las vísperas del año 2020, la algarabía era total, el mundo entraba en una nueva década, y evocando el 20/20 con el cual los oculistas hablan de ‘vista perfecta’ la mayoría pronosticaba un año lleno de bendiciones y de grandes éxitos. Eso fue declarado tanto para el mundo de los negocios, de las ciencias y también de la iglesia. Nadie imaginaba lo que vendría.

Zakarías Zafra periodista de The Wahisgton Post dice que, al llegar a la mitad del año en vez de recibir el resultado esperado de todas aquellas declaraciones de fin de año, el mundo experimentó escenas apocalípticas, porque se ha vivido en medio de una pandemia que ya ha cobrado la vida de cerca del millón de personas e infectado a otros millones. Esta pandemia es solo comparable con lo ocurrido hace cien años cuando el mundo padeció lo que llamaron la ‘gripe española de 1918’, que ‘se llevó’ más de 40 millones de seres humanos.

Si a la pandemia se le agregan también los sismos de magnitudes alarmantes como el de 7.5 grados en México, los constantes movimientos telúricos en California, la amenaza de tsunami en las costas del Pacífico, el extraño polvo del desierto del Sahara que se ha afectado mundialmente, la plaga de langostas que ha afectado Centro y Sur América, entre otros males que aquejan al mundo, entonces podemos afirmar que el año 2020 trajo una crisis mayor en el mundo.

Sin pensarlo ni sentirlo hemos venido ajustándonos cada vez a nuevas normalidades. Es más, Neil Howe y William Strauss han propuesto que hay una serie de patrones que pudieran explicar una ‘evolución histórica’ a partir de los cambios generacionales y que puede ser explicado como las estaciones del año. Por ejemplo, el primer giro que se parece a la primavera se traza de los años 40 a los 60 del siglo pasado. Ese fue un período de gran progreso nacional, esta fue la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. El segundo giro es un despertar, es como el verano. Es un tiempo donde la cultura se renueva, esta etapa la datan de los años 60 y 70. El tercer giro mas parecido al otoño, que la identifican en los años 80 la gente vive de la forma que quiere, el cinismo y los malos modales se exhiben. Por último, el cuarto y último siglo mas parecido al invierno, es un tiempo de crisis política y social, nos reinventamos y renacemos como comunidad nacional, esta es la etapa que según Howe y Strauss estamos viviendo. Y estas etapas se viven a nivel mundial también y proponen que son cíclicas.

En la última centuria ha habido avances científicos en todas las áreas. Hasta hace poco, el mundo era distinto, pero hoy vivimos bajo la tecnología, el internet, los teléfonos inteligentes, al punto que la radio y la televisión empiezan a verse vetustas, los medios están ‘on demand’. Y las autoridades nos tienen bajo vigilancia digital. Estamos súper conectados con el mundo, todo esta al alcance de un ‘click’. Antes un profesor era una mina con su conocimiento, hoy más bien, si no se ha preparado el alumno puede ir al internet y tener la información requerida casi de inmediato.

Todo parece avanzar a pasos agigantados, y al mismo tiempo el ser humano parece retrógrado, la violencia doméstica aumenta, los excesos policiales, las legislaciones van en detrimento de los valores morales, etc. Las tensiones políticas mundiales anuncian una probable guerra mundial, etc. Sin darnos cuenta en las últimas décadas hemos venido haciendo cambios que modifican la manera en cómo vivimos, pensamos y somos. Pero la realidad que vivimos ahora nos confronta con hacer cambios más drásticos en nuestra manera de vivir.

Peter Baker, en The Guardian nos dejó esta frase: “Los desastres y las emergencias no solo arrojan luz sobre el mundo tal como es. También abren el tejido de la normalidad…” Y es así, en los hogares las rutinas ‘normales’ se han terminado, parece que socialmente no podremos vivir como antes, usar mascarilla, utilizar el ‘sanitizer’, el distanciamiento social, etc. parecen ser parte de la vida de las personas. Aunque en Estados Unidos y otros países de ‘primer mundo’ se han relajado las prohibiciones, en otros países menos desarrollados, el uso de estos elementos es requerido.

El uso de la expresión ‘nueva normalidad’ no es nuevo, en la historia reciente hay tres eventos muy particulares donde se utilizó. Fueron los periodistas Rich Miller y Matthew Benjamín del Bloomberg News que lo usaron por primera vez en 2008 ante la recesión económica acaecida en los Estados Unidos. Otro momemtum muy particular donde se utilizó la expresión fue en 2012-2014 cuando la China vivió de igual manera una gran recesión y uno de sus líderes políticos aseguró que estaban entrando a una ‘nueva normalidad’. Y es precisamente en la situación que se vive en nuestros días por el Covid-19 que se esta utilizando la expresión nuevamente.

Y se le denomina ‘nueva normalidad’ al retorno paulatino y por etapas a la ‘normalidad’ a un tiempo post pandemia que parece caracterizarse por el distanciamiento social y el uso obligatorio de mascarillas. Esta nueva normalidad esta supeditada también al descubrimiento de la vacuna que pueda contener y controlar el avance del virus en la población, que seguramente ya nunca volverá a ser la misma después del confinamiento y la muerte de miles de personas. A medida que los países buscan reactivar sus economías, también los habitantes han tenido que repensar en la manera en cómo se vive, cuáles son sus prioridades, y su manera de vivir.

De acuerdo con el filósofo argentino Diego Singer, la nueva normalidad busca que la comunidad tenga una transformación que viene con altas medidas de higiene y que debe a la vez renunciar a costumbres enraizadas en la gente. Se supone que la gente obedezca y se acostumbren a una nueva realidad. En el caso de los argentinos y otros pueblos suramericanos que comparten el ‘mate’ en la nueva normalidad ya no podrían. Los centroamericanos que gustan de probar y servirse el pan con la mano desde el mismo plato, serían costumbres muy propias que no podrían sobrevivir en esta nueva normalidad. Pero ¿Se podrá acostumbrar la gente a estas medidas? Porque es como vivir con más acoso de las autoridades que tendrían que revisar y estar mas pendientes de si los ciudadanos están cumpliendo con tales medidas.

Esta nueva normalidad también afecta a la iglesia, porque las congregaciones locales tienen y cumplen a cabalidad con una rutina de actividades y de contacto personal. Ya no se puede cantar “dame la mano y mi hermano serás”, ¡está prohibido en algunos países! No se puede saludar de abrazo a los hermanos en la fe y menos con el popular ósculo santo que las Escrituras recomiendan. Por el contrario, los espacios para sentarse deben estar a seis pies de distancia, se debe portar mascarilla, y si alguien este enfermo mejor que no venga, aunque en las actividades evangelísticas siempre se decía “traigan a sus enfermos, Cristo salva y sana”.

Se tendrá que lidiar con esta realidad. Como iglesia necesitamos reinventarnos en esta nueva normalidad para hacer iglesia. Hasta hoy, la iglesia parece ser la institución que ha perdido más. Miles de feligreses no están yendo y no necesariamente por la pandemia, sino porque estaban cansados de la rutina de la iglesia. Ya lo venían anunciando los estudios, las estadísticas y los templos vacíos. Otra realidad es que mucha de la feligresía es de la tercera edad. Muchas iglesias tienen pocos jóvenes y niños y tampoco les ofrecen algo que los conecte con la iglesia. ¿Qué pasará en esta nueva normalidad? Los sociólogos, los filósofos, los políticos, economistas y otros profesionales están trabajando fuertemente para ajustarse a esta nueva normalidad. ¿Qué están haciendo las denominaciones? ¿Qué están haciendo las iglesias locales? ¿Qué pasa con el mensaje y los valores de la iglesia? Es nuestro tiempo, nos toca pasarle la estafeta a la próxima generación, y debemos hacerlo bien. Este es un desafío que la iglesia debe superar, porque lo ha hecho por más de dos mil años, y ahora no debemos acobardarnos, sino trabajar con excelencia y seguir adelante.

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